Un reciente informe de la Red de Institutos Latinoamericanos de Familia (Redifam) señala que Chile ostenta la tasa de natalidad más baja de la región, con 7,7 nacimientos vivos por cada 1.000 habitantes, cifra que equivale a aproximadamente la mitad del promedio latinoamericano. En el transcurso de un año, el número de fallecimientos iguala al de nacimientos, mientras que la tasa de fecundidad se sitúa muy por debajo del umbral de 2,1 nacimientos por mujer, siendo de tan solo 1,03 según datos del INE para 2024.
Esta situación, lejos de sorprender, se enmarca en un contexto donde el alto ingreso per cápita se asocia a una reducción del tamaño familiar, impulsado también por una mayor participación femenina en el mercado laboral. El elevado costo de oportunidad, al demandar tiempo y recursos para la crianza, ha llevado a que las familias opten por tener menos hijos. Sin embargo, la paradoja se intensifica al observar que, a diferencia de lo esperado en teorías económicas (como las desarrolladas por Gary Becker, Kevin Murphy y Robert Tamura), la baja fertilidad en Chile no ha propiciado un impulso en la generación de capital humano ni en el crecimiento económico.
Paralelamente, el contexto social se transforma: Chile registra también la mayor tasa de divorcios, con 59 por cada 100 matrimonios, lo que incide en la capacidad de dedicación de los padres a la formación de sus hijos. Este cambio se complica aún más al considerar que las hijas, según diversas encuestas, suelen encargarse del cuidado de sus progenitores mayores, afectando los esfuerzos por acumular y renovar capital humano de manera efectiva.
La comparación entre países con ingresos similares evidencia que, aunque condiciones como las de Corea del Sur y Filipinas eran comparables en 1960, hoy la diferencia es abismal: el PIB per cápita de Corea del Sur es 10 veces superior al de Filipinas. Este contraste subraya la importancia de políticas públicas que incentiven la educación y el desarrollo del capital humano, evitando caer en la denominada “trampa de los países de ingresos medios”.
En definitiva, el futuro económico de Chile depende en gran medida de las decisiones políticas y sociales que se adopten hoy para contrarrestar la baja natalidad y estimular un crecimiento inclusivo y sostenido.
Autor: Iñigo Socías